Presentación

Hace 30 años pisé por primera vez esta isla. Evidentemente no tenía ni idea que, 12 años más tarde, iba a volver y a quedarme para siempre.

Lo que sí me había dado cuenta es que Lanzarote tenía una atracción única: Los pueblos, los cultivos, las playas, los volcanes, la luz y el mar que lo rodea forman una armonía de una belleza singular – frío e inhóspito en unos momentos, cálido y acogedor en otros.

Cuando empecé a trabajar como guía de senderismo y fotógrafo me puse el mismoreto que Clara (y antes lo tuvo el mismísimo José Saramago): Subir todos los cráteres de Lanzarote – equipado con una cámara de foto, claro! Estos paseos solitarios (nadie me aguanta cuando estoy sacando fotos…) me han enseñado otra visión de los parajes lanzaroteños. Primero tan sólo por el cambio de perspectiva durante las subidas, luego el cambio de luz según las nubes que pasen y la inclinación del sol, y finalmente un sinfín de rincones desconocidos que se descubren desde lo alto.

Hoy en día cuando salgo al monte me suelo dejar guiar por el instinto, escogiendo elsendero que no sé dónde termina, siempre hacia lo desconocido. Y ahí, después de haber cruzado coladas de lava, subido una ladera de picón o descendido un risco, sudado y sin aire, empieza a entrar esa luz tan peculiar escarpando las texturas, cambiando los colores e iluminando la escasa vegetación. En estos momentos únicamente puedo empezar a disparar, intentar a inmortalizar una pequeña parte de la belleza que se me presenta ante mis ojos.

Después del espectáculo, cuando ya me he tranquilizado, me entra una sensación de gratitud, casi melancolía, y me siento muy afortunado de haber sido testigo de lo visto minutos atrás, porque sé que nunca más volveré a verlo de la misma forma. Finalmente, nosotros, los seres humanos, sólo estamos de paso…